lunes, 23 de marzo de 2015

Memoria







Ella no cree en eso
de ir a las tumbas para recordar:
solo cierra los ojos y lo tiene ahí,
a su lado y con su risa.
No necesita que le digan cuándo:
ella lo sabe desde ese momento justo.
Pero no olvida los golpes en la puerta
los empujones y los gritos.
La angustia de los pasos apresurados
y el chirriar de los frenos,
las noticias con sangre y sin nombre,
los nombres con muerte y sin razón.



Alguna noche la alcanzan
la cama vacía,
el peregrinaje por lugares oscuros…
la humillación, la soledad,
su espera desgarrada,
la orfandad de sus hijos.
Ella cree que sin perdón
no es posible seguir sin sangrar.


Pero hay una espada de duda
-no todo es blanco y negro- ojalá fuera tan fácil.
Entre los grises, una pregunta que nadie responde,
una historia que es preciso jamás repetir.