sábado, 10 de enero de 2015

Una visión desde adentro del dolor

Hace como diez años trabajé con adolescentes de un barrio marginal. Buscaba, junto con otros "cruzados" conquistar sus corazones y despertar sus espíritus para que fueran capaces de luchar por sus propias vidas. Una tarea difícil que no pudimos sostener. Pero en el camino hubo frutos que nos sorprendieron, creaciones colectivas que mostraron que había tierra fértil a pesar de lo precaria de nuestras herramientas. Comparto con ustedes este grito de esperanza, deseando que estos adolescentes, ya adultos hayan llegado a apoderarse de sus sueños a través de sus realidades. Lo que sigue fue una tarea colectiva.




Somos
Somos chicos buenos y románticos.
Nos preguntamos a dónde vamos cuando morimos
y por qué hay gente mala:
Ladrones, violadores, golpeadores....
Oímos el llanto de un recién nacido,
el sonido de una campana y el del mar.
Vemos la montaña y la llegada de Dios.
Queremos ser amables y buenos,
y queremos paz, ser felices y ver a Dios.
Somos chicos buenos y románticos.
Queremos estudiar, ayudar a la gente
y divertirnos.
Sentimos amor, felicidad y amargura.
Tocamos las lágrimas.
Nos preocupamos por los amigos
y por nosotros mismos.
Lloramos cuando hay injusticia.
Somos chicos buenos y románticos.
Entendemos que nos aman y que existe Dios.
Decimos que hay sufrimiento y maldad.
Soñamos con ser felices y vivir en un mundo mejor.
Esperamos que venga la fiesta,
una familia mejor.
Somos chicos buenos y románticos.

Adolescentes del Barrio Juan XXIII